Bitacora en terreno

Aprende a dibujar como los Maestros

Una gran pregunta “¿Cómo rayos dibujaban tan bien los antiguos maestros?”, que muchos dibujantes antes que mí la hicieron desde siglos atrás. Una vez escuché que para ser un gran dibujante era necesario comenzar desde “abajo” o mejor dicho, desde lo real hacia lo abstracto. Por ejemplo, sabemos que don Pablo Picasso fue un artista de dibujos extraños y síntesis (entiéndase síntesis como un “resumen visual” de algo, un buen ejemplo sería el resumen visual de una manzana que vemos en el logo de Apple), pero su búsqueda de síntesis de formas comenzó al inicio de su carrera, al analizar y observar la realidad. Pocos saben pero, el cubismo no es un par de figuras geométricas porque sí, y a simple vista lo parece, detrás hay un análisis profundo de las formas que constituyen la realidad, y más allá de eso, del tiempo. A Picasso y Braqué (otro gran cubista) les interesaba cómo lucían los objetos al avanzar el tiempo, como cuando giramos alrededor de una figura o persona y podemos ver diferentes ángulos, sombras e iluminaciones. Ellos deseaban captar todo en una sola imagen a la vez, como si en ella viéramos cómo pasaba el tiempo. Sin embargo aunque Picasso buscó la síntesis en la mayor parte de su carrera, él también comenzó desde donde todo comienza (imágenes extraídas de aquí):

En la antiguedad había varias técnicas para igualar o mejorar la realidad observada. Una de ellas tuvo mucha popularidad: el desarrollo de la perspectiva desde una mirada matemática. La perspectiva es una técnica que nos permite dibujar entornos (especialmente arquitectónicos) de una menera creíble, exacta y que responde (o se acerca) a la realidad que observamos con los ojos. Sin embargo en realidad nuestros ojos no perciben tan “perfectamente” las líneas que componen la arquitectura, por ello la técnica de la perspectiva llegó para “mejorar” lo que veíamos de una manera armónica y analítica. Ya en la antiguedad los griegos descubrieron que si tomaban ciertas decisiones al diseñar su Arquitectura, podían engañar al ojo haciendo ver a un edificio más profundo y majestuoso. Ejemplo de ello es el Partenón, templo en el que los arquitectos griegos aplicaron “correcciones” para evitar que la vista humana lo viera de manera imperfecta.

Los griegos fueron unos capísimos descubriendo cosas, ya que ellos amaban observar y sacar conclusiones acerca de todo. Inspirados por sus descubrimientos, los renacentistas re-descubrieron la perspectiva, aunque ya en la baja Edad Media pintores como Giotto ya hacían sus avances. Cada pintor que se interesó por desarrollar la perspectiva tuvo sus propios métodos, así es como tenemos muchos ejemplos de aplicación de perspectiva “perfeccionista”, que más tarde también se integró como columna central de tendencias artísticas como el Neoclasisismo. Con ello, también crearon “métodos” y “máquinas” para percibir mejor la realidad, y es que al ojo le cuesta ver la realidad en 3 dimensiones para convertirla en 2 dimensiones en un lienzo.

Cuando enseño perspectiva en clases, me he dado cuenta que se trata de un ejercicio de educación paulatina de nuestra vista. Incluso si dibujamos sin estar mirando un edificio real o una calle, nuestro ojo-cerebro nos tiende trampas sobre cómo dibujar. Un ejemplo muy claro es que cuando se nos pide dibujar una calle que termina en el horizonte, para lo que se usa un punto de fuga (donde todas las líneas deben acudir a un sólo punto), algunas personas tienden a dibujar árboles “caídos”, o incluso acostados sobre el papel, o casas inclinadas hacia los lados. ¿Por qué pasa esto? en la realidad las cosas, por mucho que los elementos estén hacia los “lados” de nosotros, si están erigidas sobre la tierra (en 90°), siempre tendrán líneas verticales en nuestro dibujo.

Al dibujar perspectiva, lo que hacemos es transformar líneas imaginarias como bordes de acera, techos, líneas superiores e inferior de ventana, en líneas dibujadas en nuestra hoja. Para ver el ángulo que siguen esas líneas es útil apoyarnos de un lápiz o una vara completamente horizontal, girándolo hasta hacerlo coincidir con los bordes del edificio contra la vereda.

El las imágenes de arriba pudimos ver cómo el lápiz nos ayudaba a ver la inclinación de las líneas para traspasarlas (en el mismo ángulo) a una hoja, tal como lo señala la última imagen con líneas margenta. Además en esa imagen podemos ver que el punto de fuga de ese edificio en realidad está fuera de nuestro cuadro, y eso es muy común también, porque en la realidad los edificios no siempre están alineados en una misma dirección.

Por otro lado, cuando vemos una calle de frente, tendemos a ver una imagen como la de abaj, aquí podemos apreciar que las líneas bajo la línea del horizonte (línea roja) “suben” y las líneas sobre la línea del horizonte “bajan”, hacia el punto de fuga.

Sin estas técnicas, las cuales se desarrollaron con sudor y estudio hace más de mil años, nos sería extremadamente difícil transformar lo que vemos a un dibujo en perspectiva. A los grandes maestros les tomó años y muchos “estudios” (prácticas de dibujo destinadas a aprender cómo dibujar algo) antes de dominar la técnica. Acá abajo tenemos algunos estudios de Veermer (el de la Joven de la perla) y Da Vinci y algunos dibujos que ejemplifican cómo Alberti usaba sus ventanas para “cuadricular” lo que veía o cuadros de madera con hilos que permitían visualizar la realidad de manera “plana”. Hoy podemos tomar una fotografía y trazar líneas por encima y aprender un poco más cómo se resuelve la perspectiva, pero esa no era una posibilidad para estos dibujantes. Ellos sólo se valían de sus ojos, y es educando el ojo como mejor se aprende a dibujar.

La perspectiva no sólo ayuda a dibujar paisajes y edificios, también nos ayuda a resolver los temidos escorzos. ¿Qué es eso? es un tipo de posición del modelo que se dibujará, en la que se encuentra de forma oblicua al dibujante, haciendo que se vean sectores más “cerca” que otros, como en esta imagen:

De alguna manera al ver este dibujo observamos una mano muy cerca del punto de vista del espectador, el brazo y un torso, y su cabeza respectiva. Sin embargo no vemos los dedos completos, si no, vemos óvalos que vienen a resolver la punta de los dedos, y luego algunas líneas cortas que representan sutilmente los dedos, la palma es mucho más corta de lo que en realidad es, y del brazo sólo vemos parte. Los escorzos siempre han sido un desafío al cerebro de los dibujantes, por ello los que participan de sesiones de dibujo en vivo toman la oportunidad de dibujar escorzos.

En instagram: @lunes_modelo_vivo

Una vez leí en un libro llamado “Aprende a dibujar con el lado derecho del cerebro” (Betty Edwards) que nuestro cerebro nos juega malas pasadas a la hora de dibujar del natural (en vivo, observando), ya que nos engaña continuamente con imágenes mentales de cómo “sabemos” que son las cosas. Por ejemplo, si les pidiese dibujar una silla, lo más probable es que dibujaran una silla con 4 patas y un respaldo. Esa es la imagen colectiva de una silla, por ahí alguien más creativo u opositor, podría dibujar sillas modernas, con una sola pata, o ninguna, etc. Pero nos quedaremos con aquello que un gran porcentaje de personas comunes haría. Lo cierto es que muchas veces no vemos las 4 patas de las sillas, si nos sentamos 5 personas alrededor de una misma silla, probablemente dentro de los 5 habrá algunas personas que vean 2 o 3 patas. Pero cuando dibujamos a veces forzamos el ver las 4 patas porque nuestro cerebro nos presiona a dibujar “como sabemos” y no “como realmente vemos”.

Para evitar que esto nos pase, es útil preguntarnos a cada paso “desde donde estoy viendo ¿Soy capaz de ver lo que estoy dibujando?”. Hace unos días dibujé arquitectura en la calle, y me encontraba constantemente dibujando ventanas que en realidad estaban cubiertas por las hojas de un árbol. Entonces es cuando debemos aprender a decir también “acepto que no soy omni-vidente” y sólo dibujar lo que veo.

Por otro lado debes saber que sólo dibujar del natural no es el único ejercicio que tenían los artistas de la antiguedad. Otro tremendo ejercicio que hacían y que hasta hoy puedes hacerlo, es copiar las obras de los grandes maestros. A algunas personas esto les causa reparo, sin embargo no tiene nada de malo siempre y cuando tus fines sean de estudio y crecimiento.

Cuando alguien quiere dibujar algo en particular y no sabe cómo, y después de mucho tiempo logra dar con la forma de dibujarlo y que “funciona”, se dice que ha “resuelto” o ha encontrado la “solución” a determinado desafío visual. Y dentro de la historia del arte hay muchas soluciones que van saltando de cuadro en cuadro, como formas de resolver posiciones de manos, cabezas, torsos o cuerpos enteros, maneras de pintar los rasgos del rostro, el cabello y vestimenta. Aquí abajo te dejo algunos cuadros en los que quiero que observes las manos:

La verdad es que se me viene a la mente ese proverbio que dice “para qué vamos a inventar la rueda”. Si bien se aprende muchísimo más observando con nuestros propios ojos un modelo (debido a que hay todo un proceso de análisis de la forma) que copiando una imagen en 2 dimensiones, es muy útil para comenzar a resolver nuestros dibujos y avanzar hasta mejorar.

He descubierto que muchas personas admiran el dibujo realista, y admiran incluso la capacidad de llegar a un realismo fotográfico. Es cierto que no es para nada fácil, y requiere años de práctica, pero todo artista que llega a cierto punto comienza en seguida a volar con alas propias, y he allí la gracia. Te daré un ejemplo, Chuck Close desde muy joven experimentó con el Hiperrealismo, pero cuando tuvo un accidente que le dejó parapléjico, decidió darle un vuelco a su carrera, sin abandonar en parte el realismo, se las ingenió para seguir experimentando formas de dar la ilusión de realismo, incluyendo pinturas y tapices, alejandose de la similitud idéntica, observa las siguientes imágenes:

Tras develar aquí algunos secretillos de los grandes maestros sólo me queda añadir una cosa: cuando las personas me dicen “no sé dibujar” tiendo a ser escéptica total a esa frase. Cuando somos niños no pensamos en si sabemos o no dibujar, simplemente nos enfrentamos a un papel o una pared y comenzamos a hacer líneas como creemos que quedará mejor una forma (y sinceramente a veces ni nos preguntamos si quedará bien, lo hacemos por diversión). Algunos niños son muy observadores y se dan cuenta de cosas que cuando adultos “aprendimos” a hacer de otra forma. Cuando somos adultos no hemos perdido la capacidad de comenzar a dibujar, sólo que alguien nos dijo que para hacerlo hay que “saber”. La pregunta podría ser entonces ¿Cómo lograrás “saber” si no comienzas a dibujar?

Esta, como muchas ramas artísticas, se aprende haciendo. La única manera de llegar cerca de lo que fueron los maestros es practicando la misma cantidad de tiempo que ellos lo hicieron.

Te invito entonces a perder el miedo y comenzar.

Hasta la próxima semana!

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